El 27 de abril de este año, la ciudad de Capinota, capital de la provincia del mismo nombre, en el departamento de Cochabamba, conmemora 450 años de su fundación. Esta nota trata de resaltar, brevemente, la poco conocida, pero importante labor que desempeñaron los primeros habitantes del poblado de Capinota, en la historia temprana del desarrollo agropecuario de la actual Bolivia.
El origen de esta labor empieza con la fundación del curato de Capinota por los padres de la Orden de los Agustinos, en un territorio que fue, desde tiempos muy antiguos, un valle fértil y bien irrigado y habitado por varias naciones confederadas en el Kollasuyo. En efecto, el 27 de abril de 1559, la Orden de los Agustinos, a la cabeza de su prior, Fray Luis López de Solís, realiza el acto protocolar de la fundación del poblado de Capinota y empieza la construcción del convento y la iglesia de San Pablo, en lo que hoy es la plaza principal del pueblo. Alrededor de ella habría de conglomerarse, en los siguientes siglos, una importante población civil de agricultores indígenas, españoles y mestizos.
La Misión Agustina de Capinota habría de convertirse también, conjuntamente el curato agustino de Paria en Oruro, en cabecera de la evangelización cristiana en Bolivia y en pionera del desarrollo agropecuario de los valles bolivianos con la introducción y adaptación al suelo americano de nuevas especies de plantas y animales de origen europeo y de la tecnología agropececuaria hispano-árabe de esa época. Está documentado, por ejemplo, por los cronistas de la época, que el arado egipcio fue utilizado por primera vez en las labores agrícolas en Capinota. Asimismo, hay evidencias de que las primeras plantas y semillas de duraznos, vides, albaricoques, higos, membrillos, ciruelos, naranjas, mandarinas, manzanas; ajos, cebollas, cereales como el trigo, cebada y centeno, y muchos otros productos que hoy son abundantes en los valles centrales de Bolivia, llegaron primero a Capinota, de la mano de los padres agustinos. Posteriormente, el gran valle de Capinota con sus grandes molinos de Irpa Irpa, Sicaya y Sarcobamba, fue un principal proveedor de grano harinado a la Audiencia de Charcas. La Misión Agustina, que duró 200 años, no solamente se dedicó a evangelizar a la inmensa población de miles de soras, chipayas,quechuas, urus y korpas-quechuas que habitaban el valle, sino que también ayudó a rescatar las tecnologías originarias de riego, sistematizar las creencias religiosas indígenas de lo que hoy se conoce como la teología andina. Finalmente, administró el primer hospital para la atención gratuita de la salud de estos pobladores.
Es notorio de resaltar, que a diferencia de períodos posteriores en la vida colonial y republicana, la labor religiosa y productiva de los padres agustinos en Capinota, fue facilitada por una política de cooperación entre el Estado español, el pueblo indígena y la iniciativa privada del encomendero principal Lorenzo de Aldana. Tal estado inusual de cosas emergió paulatinamente, a medida que la cultura europea se fundía con las culturas originarias dentro del nuevo orden político, hecho posible por los acuerdos de paz logrados entre la Confederación indígena de naciones de Charcas y la Corona española, a pocos años del derrumbe del Kollasuyo incaico. Este modelo de cooperación no sólo ayudó a crear la nueva cultura agrícola de los valles de Bolivia, sino que ayudó también a cimentar algunas de las características socioculturales de los habitantes de los valles centrales de Cochabamba, que se dibujan hoy, tanto en el carácter como en la cultura del hombre de los valles centrales de Bolivia, el cochabambino.
*Enrique García Ayaviri es economista.
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