A pesar de que visten llamativos ponchillos blancos donde están estampadas palabras que piden a gritos “¡verdad!”, han pasado desapercibidas ante la mirada de apurados hombres y mujeres, de todas las edades, que circulan por las veredas del Gran Cuartel de Miraflores. Están, aparentemente, acostumbradas a esta actitud de una sociedad “adormecida” y que no recuerda aquellas épocas de dictadura, ni el dolor que provocaron.
Un pequeño grupo de las organizaciones de derechos humanos las acompañan, por lo menos no están tan solas. Olga Flores es una de ellas; esta mujer carga sobre las espaldas muchos años de lucha y pelea para conocer qué pasó con su hermano Juan Carlos, desaparecido durante la dictadura de Luis García Meza, en 1980.
Los archivos militares de la época facilitarían la pista para, quizá, terminar con su lucha de años, pero esta mujer no encuentra eco en las Fuerzas Armadas que, sistemática, tercamente, se niegan a desclasificar aquellos documentos que el propio ex ministro del Interior de entonces, Luis Arce Gómez, acaba de revelar que existen y que pueden dar luces sobre esa época oscura de la historia.
El vicepresidente Álvaro García Linera dijo a la prensa, no obstante, que los militares le aseguraron que no existen más documentos que los mostrados a la Fiscalía que investiga el caso de los desaparecidos. Esto no desanimó a Olga ni a sus compañeras, que, por el contrario y con la altivez que las caracteriza, han reafirmado su lucha por la desclasificación de los archivos militares.
Olga, seguramente, podría enseñar a cualquier persona qué es paciencia, más allá del simple concepto. La ilusión de conocer la verdad sobre qué paso con su hermano, la alienta y motiva a ir una y otra vez hasta los estrados judiciales y a movilizarse, sin temor, ante el Gran Cuartel de Miraflores, donde Juan Carlos fue visto por última vez. Esto se llama amor y sed de saber, de cerrar heridas para poder seguir viviendo.
Es una guerrera valiente, como otras, que no sucumbió ante la memoria frágil y que de seguro seguirá peleando hasta el último día de su vida. A pesar de esa fortaleza, no le vendría mal una voz de apoyo y de aliento, si no es de todos, por lo menos de algunos que la vean en alguna de sus muchas manifestaciones.
La construcción del futuro se hace sobre la base del pasado, por ello es necesario saldar las deudas pendientes con la historia y la justicia. Éste es un pequeño reconocimiento, en la persona de Olga Flores, a todas y a todos quienes se resisten a creer que no hay justicia.
El cambio, que venga acompañado de justicia.
Carlos Corz es editor de Seguridad.
Han pasado treinta años, Luis
Tenía una figura menuda, la piel blanca, casi transparente de tan blanca, los ojos profundos y una pronunciada nariz. Era rubio, muy rubio.
Índice de felicidad del consumidor
Por favor no se asuste y siga leyendo esta columna. Usted está en la nueva La Razón. No es la Tv guía comentando alguna novela mexicana de nombre lacrimógeno. Tampoco esta columna es producto de la moderna diagramación.
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